viernes 4 de diciembre de 2009

El ejército de las putas


Cada uno de los flancos de aquel burdel le recordaban a los asfixiantes locales de Varis. Las moquetas y el aire viciado, las mujeres de muslos pollo y medias reja, el olor de la tiranía sumergida en el helado abismo de los vasos de vodka.

Dimitri Snevocich entró en el burdel mirando a cada uno de sus flancos. Esperaba las pistolas que más tarde estarían apuntándole. Nadie entraba en el burdel sin ser observado por un arma. Era el protocolo y Dimitri lo conocía bien.

La reunión con el Padrecito iba a ser a puerta cerrada. Los pormenores del encuentro se los había explicado su acompañante, Sergey Smirnov, un viejo conocido, oriundo también de Varis, en la península de Crimea.

Antes beberían vodka y brindarían por los coños rapados. Soñarían con oro y coches. Agradecerían la hospitalidad del libre mercado. Recordarían los buenos tiempos de la Odessa salvaje, cuando un secuestro expres los reunía en el bosque, y olía a gasolina, y el infeliz gritaba mientras el verdugo jugaba con un zippo importado de America.

El verdadero motivo por el que se encontraba allí no sería tratado hasta la madrugada, con todos los ángeles ya viciados, en el momento que el cerebro bombease al ritmo de un tio vivo satánico, y las palabras se confunden y el alma no es apta para mentir. Entonces, el Padrecito empezaría a hablar de lo importante. Snevocich conocía el protocolo.

El Padrecito se encontraba sentado en un sillón de cuero, acompañado de una mesita de cristal en el que varios gramos de cocaína simulaban cordilleras caucásicas. Sentadas, a cada lado, estaban sus putas preferidas, una joven ucraniana de 25 años, y un chilena de 20. El resto jugueteaban a su alrededor, y reventaban sus naricitas con buenos tiros para olvidar el reflejo de su desvirgada sombra.

- ¡Snevocich!, gritó el padre, con claros síntomas de embriaguez, alzando con su voz, como si fueran moscas, al grupo de prostitutas ebrias que revoloteaba a su alrededor. Dice Smirnov que fuiste comandante en la guerra…
- Peleé a las órdenes de los nacionalistas, respondió secamente Dimitri.
- También dice qué fuiste el mejor comandante de esa guerra.
- Mejor y peor son términos relativos. La guerra es un asunto sucio, pero cuando ésta ocurre tu deber es ser el más apto.
- Y también dice que tú puedes comandar a mis hombres…
- Podría comandar hasta un ejército de maricones y vencer.
- ¿Un ejército de maricas contra mis hombres?
- Tus hombres no conocen la disciplina. Están acostumbrados a que les teman. Tus hombres son fáciles de vencer. Cualquier ejército bajo mi mando podría aplastar a tu gente antes que pronunciaran "pepinillo salado".

El Padrecito estalló en una risa histriónica, de matices y candencias perversas, risa burla, risa insulto, risa enferma. Las putas rieron con él, un coro zombi, perdidas en un maremoto de espasmos sumisos y atascos de dopamina.

- Padrecito… Dimitri conoce bien el arte de la guerra, intentó mediar Sergey.
- Si conoce la guerra, y quiere mandar sobre mis hombres, entonces que demuestre lo que está diciendo. Mira este ejército de putas. ¿Podrías comandarlas? ¿Podrías hacer de ellas una máquina de muerte?

Dimitri Snevocich explicó a las putas como debían formar. Escogió como capitanas a las dos favoritas del Padrecito, teniendo en cuenta su escalafón y su respeto ya adquirido sobre el resto del grupo. Les explicó por tres veces la disciplina. Les dijo que a su orden debían girar todas, en sincronía, a la derecha. “Si consigues que tus hombres respondan como responden tus miembros, serás dueño de la victoria”, dijo.

Las putas reían y cuchicheaban entre ellas. Alguna se alejaba de la formación para intentar meterse algún tiro de la farlopa que construía océanos helados sobre los continentes de bandejas de plata. Entonces, Dimitri, mediante un comprensivo gesto, las obligaba a regresar a la formación. Les repitió por enésima vez que aquello no era un juego, que la guerra era un acto sucio, pero que cuando ésta ocurría nadie podía esquivarla. Cuando consideró que las putas podrían estar listas, dio la primera orden.

- ¡Derecha! ¡Ar!

El ejército de las putas actuó como un ejército de cucarachas en desbandada. Pocas estuvieron sincronizadas, pocas giraron a la derecha. Las capitanas reían y animaban a las chicas. Dimitri se dirigió al Padrecito que se burlaba del ejército que había instruido.

- La primera vez que esto ocurre es culpa del general, pues no ha explicado bien las órdenes, expresó en tono solemne Dimitri.

Dimitri volvió a explicarles a las capitanas la orden y éstas, entre risas, las transmitieron al resto. Cuando estuvieron preparadas el general gritó.

Las putas regresaron a un caos de risas y chascarrillos, cada una sumando el desconcierto, formando un tumulto infantil.

Dimitri, con el rostro muy serio, se dirigió al Padrecito, que continuaba riendo ante los infructuosos intentos del general.

- La segunda vez que esto ocurre, no es culpa del general, si no de los capitanes. Y el general debe obrar en consecuencia.

Acto seguido Dimitri desenfundó su pistola y disparó sobre las cabezas de las favoritas del Padrecito que se desplomaron con la sonrisa aún irradiando sus rostros.

Cuando el Padrecito pudo reaccionar y abrió su boca para condenar el crimen de sus dos favoritas, Dimitri se dirigió al ejército de putas y gritó: ¡Derecha! ¡Ar!

Y las putas, como movidas por los hilos de un titiritero cósmico, dieron un paso a la derecha y luego otro, ensordeciendo a los presentes como si un gigante hubiera puesto los pies sobre la tierra. La sincronía fue perfecta.

- Ya le dije Padrecito que Dimitri conocía bien el arte de la guerra, musitó Sergey.


Música para el desayuno



(PARA LEER CON LA MÚSICA PUESTA A TODA HOSTIA)

Nosotros los perdederos, los fracasados, los hijos de puta, nosotros los que no fuimos vendimos, ni aspiramos al éxito, ni al oro, ni a la querencia, los que jamás exigimos, la carne putrefacta que observas desde tu hombro ensalzado por los rangos y los robos y tu ego grasiento que apesta flatulencia egoísta sobre una tierra esquilmada y quemada como matojos por tu soberbia…Tú que robas las ideas, tú que robas el espíritu, tú que robas el futuro…

Nosotros heredaremos la tierra yerma.
Si lees esto, únete a la resistencia.


La resistencia empieza por muy poco: elimina tu soberbia, elimina tus deseos, libérate. Tú eres la revolución.

jueves 3 de diciembre de 2009

Racistas todas




Pincha sobre las imágenes para verlas ampliadas...

La idea nació a partir de un libro de Mircea Eliade (Historia de la creencias y la ideas religiosas). Nuestros ancestros del neolítico esculpían pequeñas figuras en los huesos, y representaban a una mujer, recordando de algún modo a la primera de todas, su abuela mítica. Eso ocurría cuando a los hombres todavía nos fascinaba el hecho de que la mujer fuera la portadora de la vida, cuando entendíamos que ella era la gobernanta del universo y el único exorcismo contra los espíritus de la muerte y la extinción. El caliz de la supervivencia. Mucho antes de que la propiedad privada trajera el machismo y el falocentrismo, mucho antes que todas las matronas fueran hombres llamados médicos y ejercieran el control sobre el acto brutal de la creación.

Imaginé que esta abuelita mítica estaría muy cabreada con nosotros. Dicen que el rasgo genético de todos los europeos se reduce a siete evas,y antes de éstas tuvo que haber otras. Y finalmente una pareja, una mujer. Nuestra ciencia miope la llama Lucy. Yo prefiero llamarle abuela. Esa mujer no nos entendería, os lo aseguro.

Publicado en Calle20. Convertido en hermoso por Eneko.

miércoles 2 de diciembre de 2009

Eneko en obras



¡Eneko pone a la venta su obra!

Eneko pinta en la entraña perdida de un cubículo: millones de brazos le acompañan en el instante en que cada vértebra se une, y por arte de las mil gracias acaban convertidas en una línea, y después otra, hasta que finalmente lo informe adopta la forma, el caos emerge en lo bello y la naturaleza compleja adopta el imposible espejismo de la sencillez.

Entonces Eneko acaricia su barba blanca, barba de abuelito loco, y el sol emerge sobre nubes magentas, y los niños gritan coros de bienvenida al nuevo retoño que se balancea en la matriz del blanco cubículo.


Eneko Las Heras es el único artista que conozco. Su obra la vende muy barata. Si tuviera dinero pintaría mi vida de Enekos. Acariciaría el mundo explicado en sus trazos, y creería que todo puede ser sencillo, que existe lo bello, que lo complejo y lo horrible del caos puede entenderse a través de una línea y después otra, y que las mil gracias habitan entre nosotros, nos quieren, nos comprenden, ejercen de guías en un camino sinuoso y repleto de espirales antropófagas al que llamamos vida.

Visiten su nueva web. Y sueñen con que el arte aún existe. Sueñen con creadores puros que no sucumbieron al omnívoro mercado. Sueñen con un hombre en su habitación, acariciando lo etéreo, recorriendo lienzos/galaxias, cartografiando el espíritu, dando forma y belleza a un mundo solitario e inconexo.

Si quieren conocer a un alquimista, un transmutador de los sueños, entonces les presento a Eneko.



"No es una exposición
Este no es un blog para mostrar mi trabajo. Simplemente es un escaparate de algunas obras que pongo en venta. Podréis encontrar desde serigrafías a precios bastante accesibles hasta algunos cuadros con precios más altos.

Dicho esto, la idea es que el link de este blog circule no sólo entre amigos, sino que a su vez sea reenviado a gente que pueda estar interesada. Para ello cuento con vosotros."

martes 1 de diciembre de 2009

Los vampiros no tienen pene y otras cagadas de Hollywood


La violación de los códigos me exaspera hasta el punto que creo convertirme en un taliban recio, de esos que no pestañean al ordenan que fustiguen a una mujer adúltera. Sólo que la adúltera no es en este caso una mujer de moral inteligente si no la misma estructura de Hollywood. Cuando veo herejías como la saga de Crepúsculo me altero como un hippi que ve arrasada la misma playa de la que fue el primer invasor. Para quien haya podido esquivar esta blasfemia, queda informarles que en Crepúsculo una humana y un vampiro tienen una encantadora historia de amor. El clásico adolescente problemático pero a su vez sensible e incomprendido es reintrepretado con colmillos.
Sin embargo, una cosa parece cierta: los vampiros carecen de pene, y de corazón, que aunque son órganos distintos muchos los confunden o los tienen integrados como lo están las piezas de un pc clónico. El corazón es el sofware, y el pene el hardware, siempre que uno no sufra flacidez; en ese caso, todo quedaría en software.

El vampiro es un no muerto. Por no muerto se entiende que no es un muerto viviente. Existe la sutil diferencia. El vampiro es un alma atrapada en un cuerpo, por lo que el cuerpo se convierte en eterno, y esta inmortalidad no es más que una imagen proyectada por el alma que no viajó al inframundo. Sus atributos físicos son por tanto una ficción.

El zombi, en cambio, es un cuerpo sin alma, que ha revivido de entre los muertos. Éste último podría tener pene, aunque con toda probabilidad estaría escacharrado, dependiendo del estado de descomposición del sujeto. Todavía espero la película de amor entre zombis adolescentes, algo más pausible que la de los vampiros que tantos beneficios están otorgando a Hollywood. El amor entre zombis adolescentes sería parecido al de los adolescentes de hoy (y al de la mayoría de personas autoproclamadas maduras, por qué negarlo). Cuerpos putrefactos que se dan un revolcón sin conciencia, terminando en una relación de espasmos antropófagos. La verdad, es que visto así, tiene su encanto. Pero debo repetir que los vampiros carecen de estas cualidades corporales de las que el zombi podría beneficiarse.

No ocurre lo mismo con los hombres lobo. El hombre lobo bien podría darnos un revolcón a lo primario, una fantasía básica o arquetípica, como viajar a Brasil.


Pero la zoofilia no tiene cabida en Hollywood, pues resulta un tema atávico y encima tabú, y por lo tanto demasiado interesante. Toda cópula con hombres lobo tiene lugar en su faceta humana. No es que Hollywood tenga moral, en sus películas ha muerto más gente que en un gulag ruso en tiempos del enano psicótico que fue Stalin. Simplemente resulta que lo interesante no va con ellos. Lo esquivan como quien ignora a un mendigo en la quinta avenida.


Regresando al vampiro, el no muerto viene a significar que las cualidades animales del humano han desaparecido en él: es decir, la capacidad de empatía, la capacidad de amar, la capacidad de ser un humano normal. El vampiro es un depredador atrapado en un sueño eterno. No tiene nada de corporal. Es un elemento psíquico, no es más que un reflejo de esa alma que se pudre (como el cuerpo del zombi) en un espacio que no puede morir. Ello nos lleva a problemas filosóficos a resolver. Y es allí donde Hollywood la caga hasta el fondo. La proyección corporal del vampiro no es más que una ilusión (de ahí su capacidad de transmutación y sus leyes intrínsecas: como pedir permiso antes de entrar en un espacio privado, o que al sentir la estaca se convierta en ceniza, de lo que deducimos que el cuerpo no existía).

Convertir al vampiro en un galán es como transmutar a un yonki demacrado por la heroína en un sex simbol. Todavía estoy esperando la historia de amor entre yonkis de la Cañada Real madrileña. Esta transmutación imposible viene de largo, ya con las películas de la Hammer y el ínclito Bela Lugosi. El monstruo aristocrático ganó en simpatía y buen hacer; muy alejado naturalmente del vampiro popular, cuyo aliento apestaba y tenía pelos en las manos, algo que no parece muy sexy, y del primer vampiro del cine, y por lo tanto el más creíble, Nosferatu, de Murnau. Mis pelos en las orejas y mi mal aliento nunca conquistaron a una mujer.


Como comprenderán convertir al vampiro en el amor ideal de los adolescentes, en el amante perfecto y repleto de buenas intenciones, es atentar contra la imaginación popular secular europea. Y algo ciertamente perverso. Es un insulto al miedo de nuestros abuelos. Discernir sobre las complejas estructuras psicológicas que han conseguido este efecto lo dejo a los expertos.

[Humildemente considero que cuando la oscuridad se torna en sonrosado pubis es que la oscuridad ya está muy dentro. Y entonces prefieren utilizar el esquema de Bambi, endulzar a Blancanieves y que sintamos devoción por la terrorífica Mary Poppins.]


Por cierto, hoy ha muerto el hombre lobo español

El señor Tarántula

De entre las personas horribles que he conocido en mi vida destaca una cuyo nombre prefiero omitir. Lo llamaré el Señor Tarántula, un apodo que él mismo utilizó cuando tuve el triste honor de conocerle. Dicho personaje tenía cualidades únicas, casi ilógicas; los brujos de la Polinesia lo llaman el don de viajar a las puntas de las estrellas. Tenía la capacidad de abstraerse a una arista o puerta muerta en algún punto de intersección de las dimensiones que construyen la realidad mediante una arquitectura invisible al ojo humano común. El Señor Tarántula había hecho de ese espacio su trastero, su lugar de juegos, oculto más allá de la líneas punitivas del tiempo. En ese hiperespacio cometía sus fechorías tal como él mismo confesó. Lo hizo una noche de invierno en una parada de metro, poco antes de coger el último tren. No recuerdo exactamente como empezó nuestra conversación, ya que tengo propensión a evitar cualquier diálogo con extraños. En realidad tampoco puedo recordar su rostro, era demasiado común, se parecía al de tantos. El Señor Tarántula utilizaba el metro como lugar de caza. Allí escogía a una víctima, preferiblemente una chica joven y rubia. Le gustaban las chicas rubias pues le recordaban a un amor imposible de la infancia. Entonces se servía de su don y esperaba el momento exacto. Cuando conseguía abstraerse en su trastero de juegos inducía a la chica a que lo acompañase. Allí el Señor Tarántula se sabía amo y señor del mundo, ajeno a las leyes de los hombres. La víctima se sentía atrapada como por finos hilos de luz. No entendí o quise entender que es lo que ocurría una vez que la víctima era atrapada. Les recitaba teoremas externalistas, las agasajaba con haikus filosóficos que reblandecían sus mentes. El método consistía en nutrirse de los enzimas básicos del deseo. Las víctimas entraban en un colapso cercano a la enajenación mental. Entonces el Señor Tarántula pasaba de la filosofía a la física, por así decirlo. Lo único cierto es que, desde nuestro encuentro, tengo miedo a las aristas y a los puntos de luz. Las estrellas dejaron de parecerme inocentes.

Hay hombres que nunca serán juzgados pues sus crímenes superan el espacio y el tiempo. Estos criminales suelen ser de pensamiento.

viernes 27 de noviembre de 2009

El doctor Wiston

El doctor Wiston fumó su último cigarrillo el día que florecieron los rizomas en las entrañas de su contaminado cuerpo. Los rizomas tenían la desgracia de ser hermosos, se expandían en ligeras franjas de colores, y su composición, surgida de la aleatoriedad caótica, transmitía sensaciones y afectaciones, sentidos nunca escritos, emulaba con precisión a la naturaleza salvaje de un sol ejecutado en las cimas de una cordillera. El doctor Wiston exhaló la última calada y se sintió como una chimenea abandonada tras la reconversión industrial. Él era carbón y piedra robada; no entendía el cristal ni el hormigón armado. Lástima que los rizomas de muerte que asfixiaban su pecho como una enredadera parásita fueran a su gusto tan estéticos. A veces, la vida tiene una bonita forma de despedirse, y de dar la nota final. El pañuelo del adiós estuvo decorado por magentas y carmesíes; eran como estrellas pigmeas disparadas por el nacimiento de otro universo. Su voz recordaba al croar extático de un sapo. Y los poetas aman a los grillos y a los batracios. También el vino y la cirrosis. Todo tan hermoso como un arcoiris sobre el crepúsculo efímero, hilos de luz de los que sabes que colgarás ahorcado, y que rezarán en un epitafio: ejecutado por vivir en la intensidad.

Los diminutos

Creo que el problema fundamental de la pornografía es que ha convertido lo grande en hermoso. Y la sociedad que nos abraza, cual oso hambriento de moscas y hiel, ha diseñado nuestro espacio estético-afectivo en porno. Es decir, lo grande impacta en nuestros corazones, queremos lo magno, lo sublime, lo hiperbólico. Finalmente, la imagen de lo hermoso se convierte en grotesca. Y Miguel Ángel esculpe en su David, a toda prisa y de mala gana, un pene Frankenstein que lo convierta en digno de ese oxímoron que bautizamos como tiempos modernos. La simetría, la armonía, el bello impacto, no tienen cabida en un mundo que se fija en el obelisco y no en la ermita en mitad del bosque.





Necesitamos estímulos de yang (un concepto chino que viene a significar lo que irradia, lo masculino, el falo solar) y necesitamos sentirnos poderosos como un pene gigante que revienta las cuencas carnosas de una diosa llamada fortuna. Naturalmente reivindicar lo pequeño no tiene sentido alguno si no hablamos de chips. Querer una casa diminuta, un novio de falo diminuto, una amante de microtetas, un cochecito leré, es entendido como un fracaso, un fracaso magno, potente, irradiante de yang. Y sin embargo, hubo un tiempo en el que todos éramos pequeños y los duendes (esos seres diminutos que custodiaban la sabiduría del yin) eran el símbolo o daemon del sabio. Entonces entendimos la existencia del átomo y aprendimos a mirar debajo de las armaduras, y supimos amar a estos seres pequeños que hinchaban las arterias del inconsciente. Amar lo diminuto es amar lo grande. Tuvo que decirlo algún sabio. El agua vence todos los obstáculos pues no tiene forma, y en su mínimo no es más que una gota. La guerra es cosa de grandezas, el sexo furtivo, en cambio, es cosa de diminutos amantes que se confunden con los ácaros en la tormenta que levanta sus frágiles cuerpos sobre gemidos asfixiados.

Ustedes preferirán el grito
yo, el susurro de un trasero



jueves 26 de noviembre de 2009

Día de lluvia

Mejor hubiera sido no nacer. O nacer a medias, es decir, sin tanta necesidad de sentir, y no buscar más que el inmediato, o esa cosa peluda y esponjosa que suele tener nombre de mujer. Es lo que llaman la filosofía del pesimismo, y en estos días que he redescubierto a Schopenhauer me siento más fascinado que nunca por la cosa peluda, y por poco estoy contento de ese acto catártico que realizó mi madre hace 31 años. Es decir, la filosofía del pesimismo, paradójicamente, me torna optimista. Leo al alemán...

“La sociabilidad es una de las inclinaciones más peligrosas, y hasta perversas, puesto que nos pone en contacto con seres cuya inmensa mayoría es moralmente mala e intelectualmente estúpida, o se halla trastornada. El insociable es un hombre que no necesita de ellos”.

Podemos elegir la categoría que más nos guste. Me pido el trastornado, y no por vocación, si no más bien por exclusión, pues superé las otras etapas, moralmente malo, intelectualmente estúpido, y finalmente, como el que consigue un diploma, trastornado, que según el diccionario no es más que

Volver algo de abajo arriba o de un lado a otro


A mí me gustan los hombres pequeños y las mujeres orondas. Me gustan hombrecillos de cuello alto que suspiran en esquinas gelatinosas y que maldicen a los pájaros por no aparecer un día de lluvia. Las mujeres en cambio las quiero gigantes, siento devoción por la escalada, imagino que mi piollet carnoso puede herir cualquier pared, y subir hasta la cima de un volcán en erupción, que en este caso no está arriba, si no abajo, o quizás fuera de un lado a otro.

“ que es muy insociable casi viene a significar que es un hombre de grandes cualidades”

Schopenhauer tiene cara de loco en el grabado que aparece en la solapa de este libro. Es un hombre pequeño y seguro que amaba a una gorda. Me gusta su idea de que en el pasado nos unimos por necesidad y supervivencia, y que en el presente/futuro lo hacemos por hastío o aburrimiento.

El aburrimiento nos convierte en hijos de una madre muda. A mi gusta hablar en demasía y beber orujo de hierbas. Mi sociabilidad a veces se exacerba. Entonces, elijo una víctima, normalmente una cosa peluda y esponjosa, y vuelvo algo de abajo arriba o de un lado a otro. Al amanecer con la consecuente pena de la resaca, abro mi libro pesimista y vuelvo a soñar en que soy muy insociable. Entonces pienso que mejor hubiera sido no nacer. O nacer a medias. Y uso la cosa peluda como almohada, y maldigo los pájaros por venir en este día de lluvia.

domingo 22 de noviembre de 2009

Sobre la vida, ese software averiado

Fumo como un moderno corsario, sintiendo ya el abordaje a un barco. La tos dibuja vaticinios en el vaho, solo que las tripas son las propias y no las de un pájaro. Me dicen los que me quieren que estaré muerto antes de fin de año. Son los pocos pero yo los considero excesivos. Ni me inmuto encima de mi barca paupérrima y artesanal, espero las órdenes para saltar sobre la proa y morder la sangre, que no tiene sabor metálico sino a savia de árbol.

La vida es un regalo prestado, les respondo, mientras fumo lentamente, como todavía lo hacen algunos en las bodegas que decidieron morir sin prostituirse. La vida es como si te regalaran un tamagochi al que tuvieras que alimentar con carne aséptica del super. Mi bichito se queja de que hoy no ha comido. Yo espero a que la niebla amaine, será una carnicería sublime. Fumo como un moderno corsario y toso como un alacrán rodeado por un círculo de fuego.

Reprimenda de nuestra abuelita paleohomínida a la estupidez de las razas

Blanca. Perfecta. Nívea. Real. Civilizada. Religiosa. Materialista. Dominante. Racional. Exquisita. Soy única. Y estoy dispuesta a la guerra.

Negra. Perfecta. Atlética. Alegre. Espiritual. Gozosa. Guerrera. Rítmica. Primaria. Sexual. Soy única. Y estoy dispuesta a la guerra.

Amarilla. Perfecta. Cultural. Sabia. Recta. Fértil. Moral. Milenaria. Poética. Comercial. Soy única. Y estoy dispuesta a la guerra.

Roja. Perfecta. Primigenia. Cazadora. Astral. Libre. Hermosa. Mística. Inteligente. Natural. Soy única. Y estoy dispuesta a la guerra.


Mis queridas niñas. ¿Qué os ha ocurrido?


En el inicio, cuando el hambre era un espíritu primario, y la noche nos parecía negra como las tripas del cuervo, no conocíamos los adjetivos. El adjetivo es como un león que se roe la cola a sí mismo. Separa. Desune. Etiqueta. Ninguna de nosotras estábamos dispuestas a la guerra. No conocíamos las diferencias.

Sé que os dijeron que es nuestra condición guerrear, dominar, someter, enfrentarnos. Sé que os dijeron que erais únicas, diferentes, y perfectas… Os engañaron.

En la noche ancestral, cuando no teníamos color, nuestro lenguaje era primario y sólo usábamos dos palabras: amor y supervivencia. Estas palabras permanecían unidas como la sangre a la piel. ¿Cómo pensáis que hemos llegado hasta este punto?

Cuando la selva acobardaba y el rugido era vaticinio de muerte, estábamos unidos, porque estar solo significaba desaparecer. Pero inventasteis los adjetivos y después el hierro, y así la guerra. ¿No sois todas mis hijas, mi sangre, mi flujo, mi regalo?

Mira el rostro de la otra, y encuentra en ella mi pelo, mis ojos, mis arrugas, mis caderas, mi sonrisa, mi cabreo. En el principio fue el sexo, y después la mezcla. No hay más. Mis niñas, queridas niñas…

viernes 20 de noviembre de 2009

Mujeres y negros

Sólo hay una cosa cierta: en el origen, genético e histórico, todos éramos mujeres y negros. Meditémoslo.

domingo 15 de noviembre de 2009

Zombies filosóficos


Leo en internet (este demonio que sobreinforma hasta llenarnos con una resaca de confusión, y por eso lo llamarán Red, pues somos los usuarios como aquellos atunes que se cazan en la almadraba, moviéndonos por espasmos, saltando de un rincón a otro con la esperanza, el chillido utópico, de avanzar hacia algún lado…) Leo en Internet que discuten sobre la existencia de zombies filosóficos, zombies hipotéticos, psicológicos, humanos como nosotros pero carentes de experiencia consciente. Me sorprende que discutan sobre su existencia. Parece que no mirasen a su alrededor estos científicos. Si prestaran un mínimo de atención se darían cuenta de que nuestra civilización está repleta de zombies filosóficos, humanos calcados a nosotros, construidos cual copia en cada uno de sus órganos, y sin embargo, carentes de sensaciones, sentimientos, valores, sentidos, y recuerdos. Carentes de lo que vulgarmente se denomina experiencia consciente.

¿Quién puede discutirme la existencia de dichos zombies? Yo mismo soy uno de ellos. Cuando como frente al telediario y observo el sufrimiento magnificado en la verdadera realidad aumentada, no siento absolutamente nada. Cuando mis seres queridos se lastiman no siento absolutamente nada. Cuando me masturbo en la oscuridad de mi cuarto no siento absolutamente nada. Cuando expulsan a mis compañeros del trabajo no siento absolutamente nada. Cuando sé que tantos mueren y tantos se benefician de su muerte no siento nada. Hasta hace poco me autoconvencía de que quizás fuera un sádico; ahora me doy cuenta que no.

Entiendo que el zombie ha germinado en mi conciencia, que mi experiencia sensible es un agujero negro. ¿Qué tal la tuya? ¿Has alimentado hoy a tu zombi interno?


Sí, zombi proof

sábado 14 de noviembre de 2009

Ella soñaba y por eso enloqueció

Ella leía a Cortazar y a Quiroga. Y no sabía en que parte anidarse. Le gustaba el juego del argentino y sus rayuelas y su rostro de alien. Así que construía un nido entre páginas inmortales. Pero también le gustaba la locura del otro, su fantasía suicida en una selva meridional (se sentía ave tropical); en uno de estos relatos (el preferido) el soñador soñado por Quiroga toma un fruto en mitad del bosque, un fruto que en realidad es veneno, un veneno que lo paraliza cerca de un manto de hormigas antropófagas...

Pensó que las palabras de estos libros eran en realidad las hormigas que la devorarían. Esas palabras con tantas aristas, palabras estilete que cortan como las patas de la mantis. Soñó que las palabras abandonaban el lecho del libro y ascendían en fila a través de sus brazos en dirección al pecho. Entonces sintió el dolor. Y murió en un ritual llamado Quiroga contra Cortazar.

Es el ritual del mundo: soñador frente a suicida.
Primero en la infancia, soñamos; después enloquecemos al no conseguir lo soñado. El único honor que entiendo es el del general nipón derrotado.

Los ingenuos llaman a esta enfermedad madurez.


Yo la llamo alevoso asesinato.Y todos somos culpables.

lunes 9 de noviembre de 2009

Haiku de mierda

Hoy cumplo años
sangre no mancha pañuelo

Ciclos(pes)

El pensamiento es un monstruoso Ciclos(pe) al que deberíamos cegarle el ojo.

El pensamiento es un collage, no una deconstrucción, ni un crecimiento en ramas (rizomas). Son retazos de lo antiguo (antiguo porque ya pasó) repetidos en un track (o pista) en espiral y unidos en nuevos soportes; tijeretazos, similar a cuando un artista recorta el cuerpo de una modelo y le pega sobre los hombros la cabeza de un búfalo robada de la revista Jara y sedal.


Así vuelven los cronistas a hablar de piratas y de mercenarios, como en tiempos de homero, y nadie se alarma ni piensa que estamos regresando por las invisibles pistas del ciclo/tiempo.

Pronto volverán a chillar palabras feas, sonarán inquisición o feudalismo, y la nada colectiva no se sorprenderá porque el pensamiento es un collage nacido en las cuevas.

domingo 1 de noviembre de 2009

Mandalas





A journey round my skull. Ex libris. Vía Canto de caza.

El buen inmigrante

Las granjas de humanos están fabricando productos perfectos, productos que después se expondrán sin pudor en la longa de la naturaleza artificial. La vida es ahora algo aséptica, porque el hombre ha querido robarle a la creación sus propios vicios e instaurar las virtudes de una sociedad recta que huya de sus orígenes.

Los inmigrantes del antiguo mundo nos comportamos como el buen inmigrante que ha prosperado a mejor. Renegamos de la patria, el pueblecito bárbaro en el que los hombres todavían lucen barbas y ser gorda es sinónimo de estar buena. El Dios comercial ya no nos impone en este nuevo mundo restricciones intangibles. Ahora somos libres de hacer y deshacer y aplaudimos el ocaso del pensamiento.


Soy el perfecto inmigrante para un mundo que olvidó a sus ancestros. Espero que me den los papeles

Pitido fantasma

A veces me siento como un perro que le ladra a los grillos, un perro sometido a una sístole ultrasónica, retorcido sobre sus pieles, aullando en la madrugada.

[Me dijeron en clase que los sonidos ultrasónicos son sonidos fantasma. Su frecuencia es muy alta. Los gobiernos barajan la idea de usarlos en los botellones, con la intención de largar a los jóvenes con pitidos para perros]

Se trata de un sonido agudo, irritante, cuya prolongada acción nos lleva a la locura o al lamento existencial. Este sonido podría ser el grito del planeta, o el llanto de tantas viudas, o el pedo de un dios comercial; los nombres, por muchos que sean, nunca alcanzarán la gran verdad por la que se mata en demasiadas guerras.

Es la oda de la confusión o la banda sonora de una película rodada sin planificación ni guión literario. Son trazos que golpean trazos. Fragmentos de vida sumamente complejos. Los perros escuchamos estos sonidos y nos da por ladrar; qué podría hacer el perro contra un sonido que le irrita y no entiende. A los perros nos castrais porque ladramos mucho. No os dejamos ver la televisión, ni disfrutar de las cópulas.

Si la vida se reparte entre horas de televisión y cópulas de récord no es culpa nuestra. Nosotros seguimos albergando la naturaleza en algún lugar perdido entre escroto y ano.

El día que me castraron el veterinario pudo alarmarse. "Me parece que les hemos extirpado el cerebro", dijo. Mis amos asintieron con complaciencia, como si hubieran encontrado la gran respuesta. El sonido nunca cesó.

viernes 30 de octubre de 2009

Una de zombies

Los últimos periódicos que recuerda la humanidad datan de 2010 y chillaban pandemia. Como usted se encuentra en 2009 todavía no lo sabe. Pronto llegará la gripe Z, y publicarán algo que parecerá extraño: los muertos caminan, es su amanecer. La gripe Z se expande con su mordisco. Rabia africana. Rabia asiática. Rabia del consumidor medio.

Crisis y Guerra Zombie irán unidas en el post- vocabulario humano. Se cumplió el esquema clásico del género. Los muertos resucitarán, rezaban los santos. Y estarán hambrientos, tengo que añadir. Pero usted está en 2009, tranquilo, leyendo los avisos sobre gripes extrañas y alarmas terroristas; sintiendo que el humano devora la Tierra, que sus congéneres se comportan de un modo extraño, casi caníbal. Su mayor terror es aún la hipoteca. No la pérdida de personalidad masiva, y el terror antropófago.

Nosotros esperamos la llegada del Cristo redentor. Pero Cristo resultó ser un virus. Y crucificar zombies no parece divertido. Así que hablaremos mejor del 2009, un gran año, el último, cuando estábamos fascinados por los zombies que eran el inminente futuro. Representan la metáfora pero también una lección.


Usted aún cree que son mera ensoñación. Nosotros, en cambio, nos parecemos a la economía, herida y comatosa. Y hubo avisos: el semanario de The Times publicó en agosto de 2009 una comparativa entre el atractivo que despertaban en el publico los vampiros y los zombies y la realidad económica mundial: primero, seres aristocráticos como Madoff, chupa sangres bursátiles, después, zombies sin capacidad de reacción.